LA MUERTE DEL INDIO POETA

Celebro el padre del sermón
y su gala de ojerizas.
Perdió una pieza del mal parado
que era su mejor galgo zorrero.
Fortuna le estrenó los zapatos
sin tardar en ganarle el hocico.

Hecho alimento de los refranes,
sentó plaza de bebida espirituosa.
Vuelca sudores más blandos que el barro
pero amenaza tormentas de azufre.
Son pocos males pero están
tan bien dolidos que enredan lo suyo.

Hay cierta gracia en oír sus proverbios,
es un respeto pagado a su cuero
y unos desaires para la vergüenza
que siguen siendo su mejor trofeo.
Son pocos males pero están
Tan bien dolidos que enredan lo suyo