Como caballo desbocado
pasaba horas sin aliento,
agigantando afectos
sin mentar flaquezas.
Y puso empeño de armas
en ministrar justicia,
puso su fe en Dios y en los jardines
a la vuelta de la esquina.
No pidió tregua así estuviera
desjarretado en la misma trampa,
fue tejiendo un lazo de sangre
que le confunde la mano en la daga.
Y digo aunque no me cuadre
decir lo que naides dijo:
la Provincia es una madre
que no defiende a sus hijos.
Y he de decir asimismo
porque de adentro me brota
que no tiene patriotismo
quien no cuida al compatriota.